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Cariño que transforma vidas

Como miles de estudiantes puertorriqueños, Laura Mariana Méndez perdió el amor a la escuela. En décimo grado empezó a bajar sus notas hasta fracasar, más atraída por la calle que el salón de clases. No fue hasta llegar al proyecto de educación alternativa Nuestra Escuela, en Caguas, que encontró la atención que la encaminó de la resistencia al proceso educativo a la transformación de su vida.

En el 2006 se graduó de Nuestra Escuela con el promedio más alto de su clase. Hoy, a los 22 años, estudia un grado asociado en Educación Preescolar, es ayudante de maestra en el preescolar de Nuestra Escuela en Hato Rey (Nuestra Escuelita), educa a su hija de dos años en ese ambiente, y le habla a todos sobre la diferencia que hacen “el cariño y la atención” en el proceso educativo.

“La diferencia entre el sistema tradicional y el sistema de Nuestra Escuela es del cielo a la tierra. En Nuestra Escuela los estudiantes no se quieren ir porque los maestros los enamoran”, comparte.

A su juicio, la clave es la atención a la persona y su situación. “El centro de Nuestra Escuela es el taller Esencia vital, en el que los estudiantes trabajan con sus emociones, las crisis y los traumas que no les dejan aprender o superarse. Una vez empiezan a sanar experiencias, se liberan y logran las metas. Lo que necesitan es atención y cariño”, apunta la joven.

Méndez desearía que eso pasara en todas las escuelas y las familias. “Lo ideal sería darle esas herramientas emocionales a todos los niños desde más jóvenes”, insiste. Por eso ve su trabajo en Nuestra Escuelita no solo como un empleo, sino como un legado. “Mi hija está aquí”, añade, como para subrayar la idea.

“Decidí quedarme trabajando en Nuestra Escuela por el ambiente; porque aquí todos nos esforzamos trabajando y todos nos ayudamos. Todos tenemos nuestro espacio”, explica. Primero trabajó en el cuido que Nuestra Escuela administra en Caguas para los hijos de sus empleados y sus estudiantes (el Centro de Integración Familiar). En agosto, cuando abrió Nuestra Escuelita en Hato Rey, se unió a ese equipo.

“El preescolar está empezando. Tenemos 22 niños de toda la comunidad, no solo de empleados”, dice sobre este nuevo proyecto. Lo dice con la confianza en que este puede ser otro paso en su transformación. Y con el entusiasmo de aportar a ese legado para otras generaciones.